martes, 19 de noviembre de 2013

400 días

Empecé un día, hace ya 400, a escribir un cuento idílico con una pluma de eterna tinta roja. Pero me me rompieron dicho escrito en mil pedazos ante lágrimas impasibles y palabras de dolor. Hoy en día, 400 después, mi libro es una novela negra cuyo final ya conozco, pues la empecé a escribir desde el final con un lápiz de carbón en un desierto sin agua para llantos. Que lo único que me resta decidir es el cuándo, el cómo, el quién y el cuánto.

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